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Universalismo gay, homoracialismo y “matrimonio para todos”, por Houria Bouteldja

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He aprendido la lección. Y creo que por fin entiendo. Parece que las palabras son importantes. Lo son. Así es que estas son las palabras que pronuncié en el estudio del programa de television Esta noche o nunca (Ce soir ou jamais), el 6 de noviembre 2012, sobre el matrimonio gay.

“Yo no tengo opinión sobre la legitimidad o no de las reivindicaciones homosexuales, sin embargo, tengo una opinión sobre la universalidad de la reivindicación identitaria homosexual. Se los voy a contar un poco bruscamente, a mi no me concierne ese debate porque mi voz es particular y está situada desde un lugar. Hay una serie de posiciones que se han expresado aquí y en Francia, cuando se habla de este tema, sea de derecha, sea de izquierda, sea progresista o reaccionaria. En cuanto a mí, no estoy en absoluto metida ahí en ese debate. Estoy fuera de todo eso porque mi discurso se encuentra políticamente situado desde un lugar. Estoy situada en la historia de la inmigración post-colonial y en la de los barrios populares. Si se me pregunta sobre esta cuestión, ahí donde estoy, porque yo no tengo una opinión universal, ahí donde estoy yo digo, esta cuestión no me concierne. Porque si se toma un micrófono y va uno a los barrios, por ejemplo al Mirail de Toulouse, al Mas du Tauro en Lyon, a la cité del Luth en Gennevilliers y le peguntamos a la gente “¿cuáles son sus problemas?” Las respuestas espontáneamente, prioritariamente, serán la vivienda, el acoso policial, será la discriminación, el desempleo, serán un montón de problemas de la vida cotidiana, esta pregunta (del matrimonio gay) no aparecerá, se los apuesto. Esto no quiere decir que no existan prácticas homosexuales en los barrios sino que no es prioritario y que tenemos otras cosas más importantes y urgentes. La segunda cuestión es que yo no creo en la universalidad de la identidad política homosexual. Es decir, hago una distinción entre el hecho de que puede haber prácticas homosexuales efectivamente en los barrios o en otros lugares pero no se manifiestan a través de una reivindicación identitaria política. Esto que digo aquí no es universal. Y hago un poco la crítica a este debate político francés que piensa en los ambientes homosexuales mayoritarios, esto es a lo que se llama homonacionalismo y que prefiero llamar homoracialismo que consiste en considerar que cuando se está homosexual, se debe hacer un coming out (salir del armario) o todas las reivindicaciones que lo acompañan1.

Estas declaraciones han sido globalmente bien recibidas por los no-Blancos pero han atraído reacciones hostiles, más bien humillantes y bastante explícitas – que resultaron ser incluso más violentas las que surgieron en los contextos Blancos conocidos como aliados. Puedo comprender la incomprensión. Por un lado, porque el propósito es lapidario pero en una circunstancia propicia el formato de un programa de televisión no permite los largos desarrollos. ¿Los admiradores de Bourdieu y Chomsky lo ignoran? Y por otra parte, porque son escasos los ambientes Blancos – y asimilados – realmente liberados de cualquier forma de eurocentrismo. No cualquiera puede ser un blanco que “traicione a su raza”. Es un honor que se gana por mérito.

Cuando F. Taddei me invita a hablar sobre el matrimonio gay, dudo en aceptar. El tema es delicado. De hecho, tiene un consenso global entre nuestros aliados de la izquierda blanca, que está lejos de ser el caso en las filas de los indígenas [nombre designado por el estado imperial a los sujetos coloniales en Francia] estén o no organizados. Esta cuestión se aborda en forma de rechazo o de indiferencia. Como militante política, envuelta en las dinámicas de construcción, me encuentro frente a un riesgo que puede costarme caro de una parte o de otra. Pero, ¿puedo permitirme el lujo de desentenderme de esto? La respuesta es no.

En primer lugar, porque desde los últimos diez años, esta pregunta vuelve con fuerza. Se le pide dar cuenta a los indígenas en cuanto a su real o supuesta homofobia. En el plano internacional, vemos dibujarse los contornos cada vez más asumidos de una “civilización sexual” promovida por las instancias internacionales en la defensa de las minorías sexuales bajo su forma LGBT. Abundan los ejemplos: en 2004, se fundó el Día Internacional contra la Homofobia. Su promotor, Louis-Georges Tin lanzó incluso una campaña de despenalización universal de la homosexualidad con el apoyo del de Rama Yade, entonces ministra de Sarkozy. Mientras en la cumbre Commonwealth en octubre de 2011, el primer ministro británico, David Cameron amenazó con excluir de los programas de ayuda exterior británicos a los países que no reconocen los derechos de los homosexuales. En Nueva York, los líderes neoconservadores trataron de condicionar la instalación de la mezquita de la Zona Cero abriendo un bar gay para poner a los musulmanes a prueba y evaluar su tolerancia. En 2010, durante el Orgullo Gay de Berlín, Judith Butler, la intelectual estadounidense de renombre internacional, se conmovió con la instrumentalización xenófoba de las luchas LGBT. “Estamos reclutados en un combate nacionalista y militarista”. Estas son sus palabras. Israel ha comprendido bien esta táctica de pinkwashing que se construye desde los últimos años con un rostro moderno y gay-friendly para ocultar la continua violación de los derechos palestinos. A nivel nacional, hemos visto una valorización exacerbada del “homo ghetto”2 o de un cierto “musulmán progresista”3 Mejor aún, Marine Le Pen (líder del Front National partido neo-facista en Francia) se ha distinguido recientemente por una preocupación insospechada por los homosexuales de los barrios. Más chusco todavía, el 7 del mayo de 2011, el movimiento de los identitarios (neo-fascistas franceses) ha llamado a un kiss-in en frente de la Gran Mezquita de Lyon para “combatir la homofobia en los países islámicos y la homofobia de una pequeña minoría de los musulmanes en Francia “. ¡Qué ejemplar!

Para volver al tema de la emisión que fue el punto de partida de este artículo, si he tenido que pronunciarme es también porque a través de esta cuestión del “matrimonio para todos”, es el conjunto de la sociedad que está invitada a aprovechar esta propuesta de cambio legislativo – y no sólo las comunidades gay del mundo Blanco.

Los indígenas son un componente de la sociedad francesa, de cualquier manera. Si el asunto del “matrimonio para todos” se plantea en el debate público, entonces las organizaciones pueden considerar que es legítimo romper el silencio relativo que marcaba hasta ahora el campo de las luchas de la inmigración y los barrios populares sobre este asunto. ¡Y eso es lo que pasó!4. Las organizaciones musulmanas, situadas más bien a la derecha y algunos activistas considerados de izquierda no dudaron en dar el salto. Ellos se manifestaron el 13 de enero para llamar a la acción colectiva contra el matrimonio para todos. Este evento reunió a muchas organizaciones de derecha y de extrema derecha. Más que la ira de nuestros “amigos” blancos, es esta convergencia paradójica y peligrosa que me empuja a reaccionar.

Tal como lo decía, el tema del matrimonio gay es delicado y cuando acepté participar en el programa, incluso pisando huevos, sabía que no dudaría en sacrificar a nuestros aliados blancos y, digamos, más ampliamente la opinión blanca de izquierda acerca de la lucha de los homosexuales. Este riesgo, nosotros los indígenas de la república, nunca hemos dudado en tomarlo. La experiencia es en general beneficiosa. Lo que me importa antes que todo es la opinión indígena y sus motivaciones profundas. De tanto depender de nuestros “amigos” blancos, nos disolvemos inútilmente en un marea apolítica donde el purismo de los principios se disputa con un humanismo abstracto, individualista y liberal – a veces ingenuo por no decir negado.

Dicho esto, estoy mintiendo un poco. Como militante, me veo obligada a reflexionar sobre los equilibrios y las alternativas, si no puedo hacer la economía del sacrificio de la opinión blanca de izquierda, al menos, sigue siendo importante desde mi punto de vista y no desaparece por completo de la pantalla de mi radar. A condición de que de ambas partes, hayan definido bien el enemigo principal. Ya volveré sobre esto.

 

Seguir leyendo en: http://www.decolonialtranslation.com/espanol/universalismo-gay-homoracialismo-y-matrimonio-para-todos.html

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