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PI(I)GS & BRIC(K)S: EL DISCURSO COLONIAL EN EUROPA

PIGS_Morin

Cartoon de Jim Morin publicado en New York Times y en International Herald Tribune el 08/05/2010

Esther Fernandez Moya (CES-UC/GAIEPC)

1. Introducción

Este artículo surge de la necesidad de reflexionar sobre la actual encrucijada en la que se encuentra Europa, designada como “crisis europea” o “crisis económica global”. Aunque el anclaje geográfico va más allá de la propia Europa, sin lugar a dudas, las consecuencias y características de la misma en este contexto geográfico son históricamente particulares.

Tal y como iré esbozando a lo largo del artículo y más allá de pretender analizar esta supuesta crisis, partiré de la idea de que la crisis es estructural al capitalismo siendo por lo tanto parte de su natural funcionamiento. Por ello, utilizaré el concepto de Charles Tilly de “racketeer” que aquí traduciré como estafador. Para este autor, el Estado funciona como el espacio que gestiona los medios organizados de la violencia y el crimen organizado (Tilly, 1985). Para ello uno de los conceptos centrales al analizar estas funciones del Estado va a ser el de estafador (racketeer) que en palabras del autor se define “como alguien que crea una amenaza y luego cobra por su reducción” (Tilly, 1985: 176). Para el contexto de análisis de este artículo la figura del “estafador” y el discurso de crisis como “estafa” o “fraude” supera el espacio del Estado-nación, siendo los espacios centrales las organizaciones vinculadas a la Troika (BCE- Banco Central Europeo-, CE-Comisión Europea- y FMI- Fondo Monetario Internacional-), relegando al Estado- nación a un papel de mero reproductor del discurso y la mano ejecutora de las medidas de austeridad.

En este contexto, y como central hipótesis en este artículo, considero que se están llevando a cabo estrategias discursivas coloniales dentro de la propia Europa creando una fractura y un imaginario entre una Europa del centro-norte supuestamente capaz de mantenerse en los niveles de desarrollo y austeridad marcados desde la Troika y una Europa del sur incapaz de cumplir los compromisos de austeridad y representados por el acrónimo despectivo de PI(I)GS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España).

Esta hipótesis fue sugerida también desde un artículo de Illan Rua Wall aparecido en el blog Critical Legal Thinking en 2011 titulado “The Irish Crisis: Europe Colonises Itself” 1.Este artículo parte de una discusión entre Oscar Guardiola Rivera y Walter Mignolo sobre la actual crisis europea, argumentando que Europa se está colonizando así misma a través de la utilización de estrategias colonialistas, como la racialización de los PI(I)GS.

Desde este punto de partida, el objetivo de este artículo va a ser analizar las estrategias discursivas coloniales en la construcción de un “Otro” en el interior de Europa. Para centrar el análisis partiré de la utilización de los PI(I)GS y, de su opuesto, BRICS (las economías emergentes de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Para ello, analizaré el discurso sobre estos conceptos en los medios de comunicación de masas, concretamente de cuatro medios escritos, dos de ellos externos a los mencionados PI(I)GS, The New York Times y Financial Times y dos de ellos que forman parte de estos países, El País en España y el Público en Portugal.

De esta manera, en la primera parte del artículo presentaré algunas de estas estrategias de dominación propias del discurso colonial desde su inicio en el s.XVI, a través de algunos autores de los estudios postcoloniales, especialmente de Homi Bhabha. En una segunda parte, expondré el contexto de análisis, la crisis financiera de 2008 en Europa, y su construcción discursiva a través de los medios de comunicación seleccionados y de algunos autores que analizan el papel de los medios de comunicación y el proyecto lingüístico del capitalismo, como Ignacio Ramonet, Noam Chomsky y Norman Fairclough.

2. La construcción discursiva del Otro: estrategias del discurso colonial

En el S.XVI, con la conquista de América, se pone en marcha un sistema mundo moderno-colonial capitalista patriarcal (Grosfoguel, 2006). Este sistema mundo- moderno-colonial capitalista patriarcal se constituye a través de la modernidad y la colonialidad como dos caras de la misma moneda, permaneciendo una de ellas sistemáticamente oculta, la colonialidad (Mignolo, 2003; Castro-Gómez, 2007). Desde entonces se pone en marcha un entramado de relaciones de poder que a través de un supuesto agente neutro que enmascara aun hombre/ europeo/ capitalista/ militar/ patriarcal/ blanco/ heterosexual/ masculino [que] llega a las Américas y establece simultáneamente en el tiempo y el espacio varias jerarquías/dispositivos de poder globales enredadas entre sí” (Grosfoguel, 2006:25).

Desde entonces, la modernidad se presenta como un proceso de evolución “natural” y lineal. En ella se auto-proclama Europa como el estadio último de este desarrollo, con lo cual se legitima y justifica su papel de “ayudar” y “obligar” al Otro a alcanzar ese estadio de desarrollo. En este proceso, y con ese objetivo, se legitiman la “guerra justa”, la esclavitud y la explotación y expropiación de los bienes comunes. Para ello, fue necesario crear un proceso de alteridad en la identificación de las otras culturas de manera que aparezcan como inferiores. De esta manera, “la modernidad es una máquina generadora de alteridades que, en nombre de la razón y el humanismo,excluye de su imaginario la hibridez, la multiplicidad, la ambigüedad y la contingencia de las formas de vida concretas” (Castro-Gómez, 2000: 145).

Para analizar el proceso de identificación y creación del sujeto colonial, nos hemos de preguntar, tal y como apunta Rolena Adorno: ¿cómo puede ser el sujeto colonial una versión de la alteridad y al mismo tiempo conocible y visible? (Adorno, 1988:55). Desde la extensa obra de Homi Bhabha podemos apuntar que el modelo colonial de creación de la alteridad, y por lo tanto de identificación del Otro, se llevaba a cabo a través de dos procesos aparentemente opuestos. Por una parte, el proceso de similitud, a través del cual crea un imaginario de homogeneidad del sujeto europeo desde donde establece un marco comparativo para poder clasificar al sujeto colonial. Y por otra parte, el proceso de oposición, desde donde crear un imaginario del sujeto colonial como la antítesis del sujeto colonizador.

Esta relación paradójica entre familiaridad y alteridad es bien definida por Bhabha en su concepto de mimetismo ambivalente, de manera que el sujeto colonial2 es casi lo mismo pero no exactamente, es decir, crea una imagen fija del sujeto colonial con una identidad parcial, incompleta y contradictoria, de manera que el Otro puede ser a la vez salvaje, infantil, valiente y manso (Bhabha, 1994). Esta adscripción contradictoria se explica, según el autor, por su relación de dependencia con la coyuntura histórica, económica y social que sirven a los intereses del poder hegemónico. De esta manera, en el contexto que nos ocupa, en la visión eurocéntrica de la historia, los griegos fueron los creadores de la democracia, considerándose por aquel entonces bárbaros a todo aquel que no era griego; siendo actualmente relatada una historia totalmente opuesta. Además esta imagen del sujeto colonial se configura a través de la estrategia reduccionista de identificación a través oposiciones binarias jerarquizantes, bárbaro/civilizado, con lo cual es preciso para la construcción del imaginario de la “civilización” la producción de su contraparte: el imaginario de la “barbarie”. En el contexto de análisis de este artículo, estas dos categorías están representadas por los acrónimos BRICS y P(I)GS respectivamente.

De esta manera el colonialismo, funciona como producción de conocimiento sobre el Otro a través de un proceso de diferenciación social centrado en lo que Foucault designa formación discursiva, es decir, el conjunto de premisas históricamente establecidas que se imponen a todo sujeto con el objetivo de delimitar lo enunciable en un momento y espacio determinado (Foucault, 1985). Estas formaciones discursivas proyectan determinadas representaciones que a través de un proceso de repetición determinan lo que Foucault denomina régimen de verdad, es decir representaciones que legitiman la superioridad de un discurso o una imagen sobre otra. En palabras de Bhabha:

Un rasgo importante del discurso colonial es su dependencia del concepto de “fijeza” en la construcción ideológica de la otredad. La fijeza, como signo de la diferencia cultural/histórica/racial en el discurso del colonialismo, es un modo paradójico de representación; connota rigidez y un orden inmutable así como desorden, degeneración y repetición demónica. Del mismo modo el estereotipo, que es su estrategia discursiva mayor, es una forma de conocimiento e identificación que vacila entre lo que siempre está “en su lugar”, ya conocido, algo que debe ser repetido ansiosamente … como si la esencial duplicidad del asiático y la bestial licencia sexual del africano que no necesitan pruebas, nunca pudieran ser probadas en el discurso (Bhabha, 2002: 90).

Esta ansiedad por la repetición de los estereotipos fijados en el sujeto colonial, es una de las estrategias primordiales para llevar a cabo la interiorización y naturalización del discurso colonial. El concepto de fijeza característico en el proceso de construcción de las identidades bajo el discurso colonial, se produce a través de fijar la alteridad desde la semejanza (Bhabha, 2002). En este sentido tanto Bhabha como Spivak consideran que el proyecto colonial nunca consigue llevarse a cabo de forma plena de manera que es necesaria la repetición de estos estereotipos que conforman la identidad hermética y homogénea del colonizado.

En consonancia con teóricos como Dussel, Wallerstein o Castro-Gómez, el Estado moderno no puede ser analizado como una unidad abstracta y ahistórica sino a partir de su función en el sistema mundo moderno colonial. Tal y como apunta Castro-Gómez, el concepto de colonialidad de poder, elaborado por Quijano, supone que la expoliación colonial es legitimada desde un imaginario que establece diferencias inconmensurables entre el colonizador y el colonizado (Castro-Gómez, 2000). En palabras de Césaire el objetivo del “encuentro colonial” supone que:

Entre colonizador y colonizado solo hay lugar para el trabajo forzoso, para la intimidación, para la presión, para la policía, para el tributo, para el robo, para la violación, para la cultura impuesta, para el desprecio, para la desconfianza, para la morgue, para la presunción,para la grosería, para las élites descerebradas, para las masas envilecidas. Ningún contacto humano, sólo relaciones de dominación y de sumisión que transforman al hombre colonizador en vigilante, suboficial, en cómitre, en fusta, y al hombre nativo en instrumento de producción (Césaire, 2006:20).

La inconmensurabilidad entre ambos sujetos, el colonizador y el colonizado, sólo deja espacio para la Realpolitik, ejercida desde el poder colonial. Es decir, el colonizador lleva a cabo una política “justa” que mediante mecanismos jurídicos y disciplinarios tiene la misión/obligación de “civilizar”, y por lo tanto occidentalizar al otro. Así pues, el fin en si mismo del discurso colonial es crear un imaginario homogéneo e inferiorizado del Otro, de manera que se justifiquen las formas de dominación e intervención en la administración política. Todo ello se lleva a cabo con la excusa de instaurar el orden y el bienestar en esas poblaciones ya que son representadas como incapaces de hacerlo por ellas mismas.

[el discurso colonial] Es un aparato que gira sobre el reconocimiento y la renegación [disavowal] de las diferencias racial/culrural/históricas. Su función estratégica predominante es la creación de un espacio para “pueblos sujetos [subject peoples]” a través de la producción de conocimientos en términos de los cuales se ejercita la vigilancia y se incita a una forma compleja de placer/displacer. Busca autorización para sus estrategias mediante la producción de conocimientós del colonizador y del colonizado que son evaluados de modo estereotípico pero antitético. El objetivo del discurso colonial es construir al colonizado como una población de tipos degenerados sobre la base del origen racial, de modo de justificar la conquista y establecer sistemas de administración e instrucción. (Bhabha, 2002:95-96).

2Bhabha en su obra hace referencia con el concepto de sujeto colonial al colonizador y al colonizado, siendo por lo tanto ambos productos de la creación de una imagen estereotipa de uno mismo y del otro.
Continuar leyendo: http://cabodostrabalhos.ces.uc.pt/n8/documentos/Esther_Moya.pdf
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